jueves, mayo 25, 2006

La fábula de los cowboys del infierno y el patán de los flojos colmillos








Artista: Rebel Meets Rebel
Álbum: Rebel Meets Rebel
Calificación: Cuatro sillas y media

No soy una persona exactamente mística. Pero debe existir algún tipo de balance cósmico en la vida, ya que, después de tener que soportar el álbum zombi de los Red Hot, cayó en mis manos esta delicia llena de desmadre que es Rebel Meets Rebel.
Para los no iniciados, les cuento que este proyecto nació de las cabezas sureñas y fiesteras de Vinnie Paul y su hermanito menor, Dimebag Darrell, mientras aún estaban en Pantera. Vaya uno a saber bajo el influjo de que extraña poción tejana decidieron llamar como colaborador a David Allan Coe, un forajido del country tanto o más quemado del bocho que ellos mismos. Como último ingrediente, sumaron al eterno segundón Rex Brown, y el resultado es un álbum que destila Jack Daniels a chorros, hembras tetonas y fáciles, drogas, juego y cualquier otro pecado que quieran sumar a la lista.
Para los que fruncieron la naricita con gesto de asquete al momento de leer la palabra “country”, les advierto que Coe no tiene nada que ver con el bodrio que habita en el mainstream del género. El viejo es un auténtico exponente de la verdadera raíz del country: rebelde, quilombera y carcelaria. En fin, un tipo con una actitud auténtica que envidiarían muchos que se hacen llamar “heavys” (¿Alguien pensó en Lars Ulrich? ¡Yo si!).
Dicho esto, también hay que aclarar que los que busquen acá un álbum de Pantera no lo van a encontrar. En Rebel Meets Rebel las influencias son variadas y palpables, pero el resultado es algo completamente original y que resiste felizmente el etiquetamiento. Hay hard rock sucio y desprolijo, blues, los obvios efluvios country, la voz 100 % redneck de Coe, rock and roll de vieja escuela y baladas bluegrass, pero todo esta unido de una manera tan orgánica que el menjunje respira naturalidad. Y si bien este no es un álbum de heavy metal en lo que a estilo se refiere, si lo es desde el punto de vista de la ejecución: la guitarra de Dimebag cruje en los oídos, el gordo Vinnie es tan contundente como siempre y Rex…bueno…está ahí haciendo…eso…lo que hace siempre (no le pidan demasiado, pobre).
Pero lo que en realidad hace totalmente irresistible a este disco es la genuina sensación de pura jarana (creo que así se llamaba una obra de Doña Jovita, pero no importa) que transmite. En este sentido, Cowboys Do More Dope es el prototipo: tiene un ritmo infecciosisisisisisimo (como para bailar en bikini de brillitos, meneando el trasero) y un estribillo genial, donde el viejo Coe se pregunta si los cowboys tomarán más drogas que los rockeros. Cerquita le sigue Get Outta My Life, casi glam, en la cual hace una pequeña aparición vocal Hank Williams III, heredero de una ilustre y reventada familia de héroes del country, y también bajista de Superjoint Ritual, la banda hardcore-metal de Phil Anselmo (que debe haber puesto el grito en el cielo cuando se enteró de que Hank confraternizó con sus enemigos).
Y para los que se sintieron como huerfanitos después de la muerte de Dimebag, creo que este es el mejor tributo a su memoria. No solo porque aquí se lo puede admirar en todos sus registros (incluso hace sonar su guitarra como un violín en el tema que da titulo al disco, no tengo idea con que efectito lo hizo, pero les juro que cuando lo escuché, la mandíbula se me cayó hasta golpear contra el piso), sino también porque la mejor forma de celebrar a un sureño jodón como lo fue el gran Darrell es escuchando un álbum sureño y jodón como este. ¡¡Blacktooth Grin para todos!!

viernes, mayo 19, 2006

Despiértenme cuando termine








Artista: Red Hot Chili Peppers
Álbum: Stadium Arcadium
Calificación: Una silla y media

Ya sea porque los músicos usen sustancias sin control, porque los aceche un trauma infantil, porque se maten a piñas entre ellos, o porque tengan mala suerte con las minas, siempre es necesaria cierta dosis de tensión dentro de una banda para que el proceso compositivo de buenos frutos. Cuando eso se agota, el grupo en cuestión empieza a hacer cosas que pueden ser buenas desde el punto de vista de la mera ejecución, pero que también son irremediablemente inofensivas y sin sustancia. El equivalente musical del helado de leche que tanto les gusta a los Flanders.
Hace rato que los Red Hot Chili Peppers decidieron tomar esa triste senda. Yo todavía sigo sacudiendo mi cabeza al pensar como puede ser que una banda que supo sacar álbumes totalmente limados como Mother´s Milk o Blood Sugar Sex Magik, ahora haga música que tranquilamente le puede gustar a cualquier quinceañera que se lookea dos horas para ir a ver Miranda (no puedo evitar flashear al imaginar que si esas pendejas escucharan viejas deformidades pepperianas, como Sir Psycho Sexy o Nobody Weird Like Me, correrían a refugiarse detrás de sus peluches, temblando de puro terror).
Y encima, no contentos con haber encontrado su costado U2, ahora han decidido llenar con él no solo un CD, sino dos. He leído en un par de lugares que la idea detrás del álbum doble Stadium Arcadium era que cada fan pudiera elegir cierto número de las 28 canciones del disco para armar su “custom-made cd”. Pero yo sospecho que esa es solo una enorme excusa que los Peppers armaron luego de descubrir, en sucesivos experimentos de laboratorio, el poderosísimo efecto somnífero que Stadium Arcadium tenía sobre un grupo de cobayos.
Y no se puede sentir más que empatía por los pobres y tiernos animalitos, ya que la imagen más adecuada que se me viene a la mente para describir el disco es un viaje en auto por una ruta del sur, recta y rodeada de terreno amarillo y yermo, donde hay alguna que otra distracción accidental (algún perro muerto, una casa fantasma perdida en la lejanía, una pinchadura de neumático, una parada para ir al baño), pero en realidad nada lo suficientemente interesante como para sacarnos de la fastidiosa sensación de anestesia general.
Gracias a Dios, uno de los pilotos del viaje al menos pone lo mejor de si para mantenernos algo entretenidos. El salvador en cuestión es John Frusciante, que convierte a Hump De Bump en la canción mas chispeante del disco, le aporta groove setentoso a Readymade y, por un rato, nos trae de vuelta a los viejos Red Hot en Storm In A Teacup. Pero casi todo el resto es una masa amorfa de funk desganado, rock falto de vitaminas y baladas anémicas. Y, como cereza del amargo postre, un Anthony Kiedis que suena como si lo hubieran arrastrado al estudio y lo hubieran obligado a cantar a punta de pistola. Creo que nunca me he sentido más cerca de los cobayos como ahora.

domingo, mayo 14, 2006

La vida empieza a los 40








Artista: Pearl Jam
Álbum:
Pearl Jam
Calificación: Cuatro sillas


Tengo una durísima confesión que hacerles. Se que es difícil…pero el momento de decirlo ha llegado: nunca me gustó demasiado Pearl Jam (¡guau! ¡siento como si me hubiera sacado un peso de encima!). Bueno, en realidad Ten estuvo bueno y el video de Do The Evolution es uno de los mejores que he visto en mi vida, pero casi todo lo demás que hizo la banda (especialmente desde Vitalogy en adelante) siempre me pareció opaco, gris y un poquitín…en fin…embolante (al carajo con la elegancia).
Pero con el nuevo y autotitulado disco de Pearl Jam, debo decir que he visto la luz. Me he convertido en una enamorada totalmente cursi y adolescente. De hecho (y ante mi propia vergüenza) el otro día estuve a punto de tallar en un árbol del Parque Sarmiento el nombre de la banda encerrado en un corazoncito. Es que Pearl Jam es un disco tan honesto, tan vital, tan lleno de energía contagiosa, que cada vez que el CD empieza a girar y escucho esa maravilla que es Life Wasted me dan ganas de abrir la ventana y aullarle la letra al ocasional caminante que pase por la vereda (aguántenme un segundo que me seco la baba).
Y la principal razón es que los chicos de Pearl Jam dejaron de parecer viejos amargos para volver a abrazar a su adolescente interior. Si bien hay mucha desesperanza política encerrada en este álbum (“En medio de esta locura el pensamiento se adormece y se vuelve ingenuo. Hay mucho de lo que hablar y nada que decir” canta Eddie Vedder en World Wide Suicide), la banda la maneja de una manera tan explosiva, que no hay espacio para la depresión ni para los quejidos cobainicos. En vez de quedarse en casa y putear para nuestros adentros sobre lo mal que esta todo, Pearl Jam invita a salir, a caminar hasta la Casa Blanca y escupir toda la mala leche en la cara de imbécil del mismísimo Bush.
Pero el tinte de protesta nunca satura ni se vuelve panfletario, ya sea porque Eddie en el fondo nunca deja de ser un muchacho sensible y un poco romanticón (y deja caer Come Back, una balada dolorosa y de tinte blusero, de esas para escuchar con un vaso de alcohol en la mano), o porque sabe hacer un muy buen uso del inteligente truco de mirar a través de los ojos de otro. El mejor ejemplo de esto es Unemployable, donde mastica la bronca de un tipo recién despedido de su laburo, que golpea su casillero de metal con un puño que porta un anillo con la leyenda “Jesús salva”, mientras la banda ejercita sus músculos setentosos y muestra porque Neil Young los eligió de compañeros en Mirror Ball.
De todos modos, y a pesar de las estrellitas que me aparecen en las pupilas cuando hablo de este disco, la cosa no deja de tener cierto sabor a karma para mi, ya que Pearl Jam parece haberse desquitado de mi desinterés por ir a ver su show en Buenos Aires el año pasado grabando este álbum de la puta madre. Se que fui una nena mala y que no me lo merezco, pero por favor…¿podrían volver prontito? ¿Si? ¿Porfis?.

lunes, mayo 08, 2006

El anticlímax



Artista: Tool
Álbum: 10.000 Days
Calificación:
Dos sillas y media

Las cosas comenzaron a oler muy mal aun desde antes que 10.000 Days, el nuevo álbum de Tool, se editara. Nadie puede sentir buenas vibraciones cuando los reportes de prensa previos al lanzamiento publican una lista de temas con títulos tan ridículos como Jambi o Rosetta Stoned. Más allá de que la gente de Tool muchas veces encuentra un malsano placer en el hecho de poner en vergüenza a sus fans mintiéndoles sobre datos como esos, por alguna razón (intuición femenina, quizás) no me sorprendí cuando me enteré que la lista de temas definitiva era precisamente esa, la de los nombres estúpidos.
Y tenía razón en sospechar, porque nunca un álbum de Tool me ha dejado tan fría. Si hay algo por lo que Lateralus, el predecesor de 10.000 Days, es uno de los mejores discos de la historia es el hecho que transmite la impresión de haber sido cuidado en todos y cada uno de sus detalles: a las canciones no les falta ni les sobra nada, y cada uno de los músicos suena como si hubiera vendido cuerpo y alma a la composición y grabación de la obra. En cambio, la sensación que me produce la escucha del nuevo álbum es que los miembros de la banda se tomaron cuatro años y nueve meses para criar bonsáis y coleccionar sahumerios, y después se juntaron solo tres meses a grabar lo primero que saliera.
En vez de un álbum con universo propio, 10.000 Days parece una fotocopia pálida de su antecesor, algo así como Lateralus II: Una Colección de Lados B y Sobras. Ojo, que así como las sobras también pueden ser excelentes (como ya lo demostraron You Know You´re Right de Nirvana, y la pizza de anoche que desayuné esta mañana), acá también hay buenos temas. No se puede negar lo bonita que es Right In Two, armada sobre unos arpegios simplemente adorables; lo interesante que resulta el metal hindu-progresivo de Jambi (que título horrendo, por Dios); lo graciosa que es la colgadísima letra de Rosetta Stoned, a pesar de que la canción se dejó olvidada la melodía en algún lado y parece más una improvisación sin rumbo, y lo imponente que es el single Vicarious, con una de las mejores líricas que ha escrito Maynard James Keenan en su vida y con un final tremendo, en el que el batero Danny Carey (aun mi favorito de todos los tiempos) da la impresión de estar a punto de desmembrarse, mientras Maynard grita como solo él sabe…como si estuvieran por salírsele los pulmones, ¿vio?.
Pero, así y todo, esperar tanto tiempo (¡cinco años!) para tener solo cuatro o cinco canciones decentes no me parece justo. A pesar de que Tool no es precisamente una banda prolífica, con cada disco podíamos esperar la recompensa de un salto de calidad tremendo, madurez bien entendida y una afirmación de por qué era catalogada como una de las bandas más originales e innovadoras de los últimos tiempos. Pero ahora…estoy lisa y llanamente decepcionada. Creo que Maynard no tendría que haberse juntado tanto con Trent Reznor, cuyo apellido, como todos sabemos, es una expresión austrohúngara que significa “tipo que premió la paciencia de sus fans con esa abominación de álbum que fue With Teeth” (lo que son los idiomas..no?). Si…eso debe ser. ¿Como no me di cuenta antes?…¡la culpa de todo la tiene el baboso de Reznor!.¡¡¡MALDITO NINE INCH NAILS!!!

¿De que se trata todo esto?

Se que lo más probable es que este blog solo sea leído por mis amigos, conocidos y contactos de Messenger (seguramente por cansancio y después de que los harte mandándoles el link una y mil veces). Pero de todos modos, me gustaría declarar cuales son mis intenciones con esto. En principio, mis motivos eran puramente egoístas: quería tener un lugar para expresar mis opiniones sobre las novedades musicales que van cayendo en mis manos, pero de una forma completamente libre de ataduras (básicamente, diciendo lo que se me de la gana). Pero después tuve un segundo de altruismo y pensé que me gustaría que el blog también sirva como un pequeño y humilde consejo para ayudar al hipotético lector a decidir en que álbum gastar su dinero (o sus horas de internet para bajarlo), o si es mejor guardar la plata para unas cervezas o un taxi after-borrachera. Aviso que los discos que serán comentados aquí están dictados solo por mis gustos (o, en algunos casos, por mi curiosidad), que casi siempre caen dentro del terreno del heavy metal, hard rock y yerbas afines. Les sirva o no, espero que al menos pasen un buen rato leyéndolo y comentando a gusto. Las sugerencias están más que bienvenidas.

NOTA: Como corresponde al título de este blog, la calificación de los álbumes no se hará con estrellitas, sino con sillas, siendo una silla la calificación más baja y cinco sillas la calificación mas alta. ¿Capisce?